Cual una fábula al fin de los días
morada túnica exhiben los astros,
es llama eterna cuando arde en el cielo
de esos amores que apenas existen.
Llega callada la noche que asoma,
ruge en el viento el ciprés milenario,
con el rocío que avanza despacio
a las gramillas endulza y se alegran.
Era una rosa de suave mirada
de erguido garbo, y manos tan finas,
iba a correr con la prisa del tiempo
chispa de fuego que pronto se aleja.
En primavera aparece en las flores
con un susurro que aroman al viento,
en sus mejillas un beso latente
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